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Martes, 19 Junio 2012 22:11

Outsorcing

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En los últimos años, América Latina se ha posicionado como el tercer proveedor mundial de outsourcing por detrás de India y China, de acuerdo a la publicación “Estudio Ejecutivo de Outsourcing 2010” de la consultora Capgemini. Por otra parte, el estudio “Atracción Nearshore Latinoamérica, Destino Atractivo de Tercerización Global” de KPMG indica que compañías estadounidenses consideran positivamente a América Latina como destino de outsourcing, principalmente por costos y “cercanía horaria”, acuñando el término “nearshore”, que remite a cercanía, en oposición al tradicional “offshore”, más ligado a destinos alejados, tales como la India.

 

Esta tendencia no se replica cuando evaluamos a las empresas argentinas como consumidoras de outsourcing. En efecto, los relevamientos estadísticos disponibles indican que esta tendencia, vigorosa en el mundo desarrollado, es aún incipiente en nuestro país. Suele alegarse la importancia de barreras culturales para la adopción de la tercerización, o externalización de servicios de TI, pero curiosamente si nos remitimos a la historia de la TI en las empresas medianas y pequeñas en los años 70-80 del siglo XX encontramos el difundido modelo de “servicios de centro de cómputos”.

En este modelo, muy utilizado por aquellos años, la empresa que requería procesamiento de datos pero era incapaz de afrontar los elevados costos de adquisición de la TI de entonces remitía la documentación de sus procesos de negocio (facturación, remitos, cobranzas, etc.) a un prestador de servicios de procesamiento de datos, el “centro de cómputos”, en el que operadores cargaban manualmente los datos a procesar. Una vez resuelto el procesamiento, el cliente recibía los listados impresos emitidos, junto a la documentación de vuelta. Este modelo decayó a partir de la difusión masiva de las microcomputadoras y las PCs, a mediados de la década del 80, impulsada por el abaratamiento del hardware.

Si bien hoy es impensable aquel circuito de carga manual y repetitiva de información, los beneficios que el modelo acarreaba para las organizaciones usuarias eran importantes. No se requería inversión en tecnología, rápidamente obsolescente y con incierto retorno, así como tampoco era necesario contar con un staff técnico informático caro y difícil de contratar y retener. Todos estos riesgos eran asumidos por quien ofrecía el servicio, que al estar sometido a competencia permitía al cliente beneficiarse con precios y calidad de servicio competitivos.

Si analizamos la situación actual de las empresas argentinas que adquieren TI vemos un conjunto de factores que condicionan la productividad:

• Costos de adquisición y soporte crecientes
• Estructura de RRHH caros y de oferta insuficiente
• Obsolescencia acelerada de los activos de TI
• Complejidad creciente
• Competencia por el espacio físico con otras áreas de la organización

Estos factores hacen que, considerada desde el punto de vista del negocio – a excepción de las organizaciones donde la TI es el negocio en sí, como por ejemplo, en una compañía de comunicaciones- la productividad de las estructuras de TI en numerosas empresas argentinas no sea excepcionalmente alta, así como tampoco el alineamiento con los objetivos de negocio de la organización. La respuesta más frecuente a esta constatación es la restricción de inversiones: mantener estructura de personal reducida, aplazar las renovaciones de activos y obviar la capacitación de los recursos humanos del área de TI.

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